La nomofobia, el phubbing, el ciberacoso

nomofobia

“Comunicar es convertir algo en común (…) representa el paso de lo individual a lo colectivo y es condición fundamental para la vida social” (Levis 2009: 55). La comunicación no se da por sí sola, se la construye a través del vínculo directo entre dos o más personas.
La conexión con el otro consiste en establecer un vínculo, una relación entre personas en todos sus sentidos, de manera verbal y gestual. Esto se diferencia de estar “conectado” a una red social ya que de este modo, por ejemplo, no se podría visualizar la consecuencia del mensaje transmitido. “La interacción social ha dejado de ser patrimonio exclusivo del contexto presencial para ser cada vez más frecuente en la red” (Solano 2013: 24). Es decir, la comunicación cara a cara sigue teniendo un peso fundamental para la interacción social, pero la comunicación por medio de las Tecnologías de la Información y la Comunicación es cada vez más frecuente.
El mundo virtual nos resulta más simple, más rápido, más efectivo y hasta casi más natural (Clairá 2013) Uno de los principales beneficios de las Tecnologías de la Información y Comunicación es que nos acerca a quienes están lejos, pero uno de sus peligros es que nos alejan de quienes tenemos más cerca. En este sentido, es importante hacer una distinción, una cosa es estar conectado y otra muy distinta es estar comunicado. Hoy en día estamos muy conectados y poco comunicados.
Las TIC nos conectan pero no nos comunican y como consecuencia de esto, nos perdemos del mundo real, de las experiencias verdaderas, de los vínculos cercanos, del mirarnos cara a cara, nos perdemos nuestra vida. La psicóloga Sherry Turkle, en su charla TED “Connected but Alone” (conectados pero solos) explica que los dispositivos tecnológicos tienen tanto poder que pueden modificar tanto lo que hacemos como lo que somos.
La nomofobia, el phubbing, el ciberacoso, son fórmulas capaces de insertarse en la vida de los niños y niñas que pueden escapar al control paterno y pueden pasar desapercibidas por estos de forma que los niños y niñas se encuentren más vulnerables a las mismas.
Estos fenómenos se desarrollan a través de redes sociales como Twiter, Facebook, Instagram y otras redes usadas por ellos-as, cuentas y redes las cuales cuyos padres en ocasiones no son conocedores de su existencia. El difícil manejo de ellas supone un rango de incontrolabilidad y desprotección por parte de los mismos, y expone a los menores a una serie de experiencias como las que se detallan a continuación.
La nomofobia es el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil. ​ El término, que es una abreviatura de la expresión inglesa «no-mobile-phone phobia»,​ y fue acuñado durante un estudio realizado por la oficina de correos británica encargado al instituto demoscópico YouGov para estimar la ansiedad que sufren los usuarios de teléfonos móviles.
El estudio se llevó a cabo en Reino Unido en 2011 y contó con una muestra de 2163 personas, revelando que casi el 53% de los usuarios de teléfonos móviles en el Reino Unido tienden a sentir ansiedad cuando «pierden su teléfono móvil, se les agota la batería o el crédito, o no tienen cobertura de la red.»
De acuerdo con el estudio, alrededor del 60% de los hombres y el 20% de las mujeres sufre de la fobia, y un 9% adicional se siente estresado cuando sus móviles están apagados. La investigación también ha demostrado que los niveles de estrés de una persona con nomofobia son equiparables con los nervios que se tienen el día antes de la boda o de la visita al dentista.​
Respecto de las razones para que la ansiedad se manifestase, el 55% afirmó que era por el hecho de estar «aislado» de las posibles llamadas o mensajes de familiares y amigos, mientras que un escaso 10% afirmó que la causa era su trabajo, ya que le exigía estar conectado permanentemente.
Phubbing​ no está definido en la real academia española, por lo que no es un término real del idioma español, pero el mismo apareció en el año 2007[, al mismo tiempo que aparecieron también los teléfonos inteligentes. Puede definirse como el acto de un individuo o persona a ignorar su entorno por concentrarse en la tecnología móvil, ya sea un teléfono inteligente, tableta, PC portátil, u otro objeto inteligente.
El término se originó en Australia, etimológicamente producto de la unión de las palabras phone (teléfono) y snubbing (despreciar).
Las principales causas del fenómeno phubbing son las propiedades adictivas que las nuevas tecnologías poseen en un plano psicológico e indirectamente fisiológico. La diseminación de la realidad en diferentes estadios es el resultado de una absorción inicial inducida generalmente por el teléfono inteligente u otro objeto tecnológico personal, provocando esa falta de atención en uno o más estadios de nuestro entorno y centrándonos en el virtual.
En la actualidad, es común ver a niños muy pequeños con un teléfono móvil[ y, al no haber educación sobre este tema, resulta complicado erradicar este problema. Actualmente, el 87% de los adolescentes prefiere comunicarse vía escrita en vez de cara a cara.
El ciberacoso (derivado del término en inglés cyberbullying), fue usado por primera vez por el educador canadiense Bill Belsey, también denominado acoso virtual o acoso cibernético, es el uso de medios de comunicación digitales para acosar a una persona o grupo de personas, mediante ataques personales, divulgación de información confidencial o falsa entre otros medios. Puede constituir un delito penal.
El ciberacoso implica un daño recurrente y repetitivo infligido a través de los medios electrónicos. Según R. B. Standler, ​ el acoso pretende causar angustia emocional, preocupación, y no tiene propósito legítimo para la elección de comunicaciones.
La omnipresencia y difusión instantánea de internet provoca que el ciberacoso pueda llegar a ser tan o más traumático que el acoso físico.
Por otro lado, «la fácil agrupación de hostigadores, a quienes se puede pedir su colaboración de manera fácil y económica, sean personas conocidas o no y la cómoda reproducción y distribución de contenidos de carácter audiovisual son otros factores que en determinadas circunstancias resultan determinantes para que surja o se consolide una situación de ciberacoso».
El ciberacoso, al tratarse de una forma de acoso indirecto y no presencial, el agresor no tiene contacto con la víctima, no ve su cara, sus ojos, su dolor, su pena, con lo cual difícilmente podrá llegar a sentir empatía o despertar su compasión por el otro. El ciberacosador obtiene satisfacción en la elaboración del acto violento y de imaginar el daño ocasionado en el otro, ya que no puede vivirlo in situ.
 
Lidia M. Rodríguez Rodríguez
Psicóloga Infantil y de Adultos en el Gabinete Psicologíco-Psiquiatrico P.Cañeque
Especializada en Violencia de Genero y Abusos Sexuales
 
 
 
 

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