¿Qué es un juicio de valor?

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¿Qué es un juicio de valor?

Contenido del artículo:

Un juicio de valor, es la opinión que da una persona sobre si algo está bien o está mal. Estos juicios están basados en los valores personales que tiene el sujeto que emite el juicio y que generalmente forman parte de los valores que comparte con su grupo de pertenencia.


A su vez, los valores personales nos proporcionan un conjunto de referencias internas para guiarnos en aquello que está bien, lo que es beneficioso, útil, deseable, aquello que guía hacia lo que es constructivo en vez de a lo destructivo. Son los bastiones de nuestras creencias ideológicas, sociales y religiosas e incluso nos orientan hacia lo que es bello.


Cimentados en una sólida base de valores personales, los juicios de valor generan conductas y nos ayudan a tomar decisiones tanto en el día a día como en momentos puntuales que pueden cambiar el rumbo de nuestras vidas.

Eso sí, hay que tener cuidado porque podemos errar a la hora de emitir juicios.

Decía una amiga mía:

“En los detalles simples se conoce la calidad, educación y valores de las personas»
Muchas veces los juicios de valor que hacemos pueden dañar la autoestima de las personas.

Según el sociólogo Morris Massey, hay tres periodos fundamentales en la vida de los seres humanos donde se desarrollan los valores, y estos son:

  • El primero abarca hasta la edad de siete años, en las que según el Massey somos como esponjas, absorbiéndolo todo y aceptando la mayoría de los valores como verdaderos, en especial si provienen de nuestros padres. La creencia ciega de las creencias en este periodo puede llevar, según el autor, a la creación de traumas y problemas de profunda índole. Lo crítico de este periodo es adquirir la idea del bien y del mal, de lo bueno y de lo malo.
  • El segundo periodo se sitúa entre los ocho y trece años. Es esta época, copiamos lo que hacen los otros, desde nuestros padres a los amigos. Más que la aceptación incondicional del periodo anterior, somos muy influenciables por otros chicos o profesores que parecen saberlo todo.
  • El tercer periodo abarca desde los trece a los veintiún años. Somos muy receptivos a las influencias que ejercen nuestros amigos y los medios de comunicación.

Según esta teoría, las edades tempranas en que se asumen la mayoría de los valores y la gran cantidad de años que nos llevan acompañando, se entiende lo difícil que es cambiarlos, pero no por ello es imposible.

Algunas personas llegan a identificarse tan profundamente con sus valores y creencias que piensan que ellos son los valores y las creencias. Que forman parte de su identidad. ¡Nada más lejos de la realidad!

Nosotros somos seres que tenemos la virtud de poder elegir. Podemos elegir aquello en que creemos y podemos elegir por nosotros mismos unos valores siempre que creamos que son más correctos, más auténticos y que nos guían de forma más certera por el camino del autoconocimiento.

Muchas veces me preguntas cómo llegar a tener un buen autoconocimiento y siempre recomiendo una terapia centrada en aquellos aspectos que te ayuden a ser más conscientes de ti, a trabajar tus heridas emociones, comprender y gestionar tus emociones con en fin de estar más conectadas con tu esencia y convertirte en la persona que quieres ser.


Desde la psicología se trata de ayudar a cambiar la relación de las personas con su experiencia interna para que no entren en juicios de valor rígidos y absolutistas. Si tienes dudas sobre cuándo acudir a los psicólogos aquí tienes un texto que te puede aclarar algunas dudas.

Los trabajos de investigación y desarrollo del doctor Jon Kabat-Zinn en mindfulness le han llevado a definir esta técnica como prestar atención al momento presente, sin juzgar. Extraídos del Zen presenta los siguientes elementos:

  • No juzgar. Implica abandonar la tendencia a categorizar y a juzgar la experiencia como buena o mala y a reaccionar mecánicamente a la etiqueta que hemos puesto de vez de la experiencia en si misma.
  • Paciencia. Significa que seamos capaces de respetar el curso natural de los acontecimientos y de los eventos internos, sin pretender precipitarlos, ni forzarlos.  Esto consiste en estar abierto a cada momento sabiendo que las cosas se descubren cuando tocan.
  • Mente de principiante. Se trata de permanecer libre de expectativas basadas en experiencias previas. Ser conscientes de que con frecuencia nuestros pensamientos y creencias  sobre lo que ya sabemos impiden ver las cosas tal y como son.
  • Confianza. Se refiere a responsabilizarnos de ser nosotros mismos y aprender a escuchar nuestro propio ser y a tener confianza en él.
  • No esforzarse. Significa abandonar el esfuerzo por conseguir resultados. Con la práctica regular de la consciencia plena, encaminada hacia los propios objetivos, el resultado se producirá por sí mismo.
  • Aceptación. Significa ver las cosas como son en el presente. Supone aceptarnos como somos antes de pretender cambiar. Habitualmente la aceptación es el paso final de un proceso emocional intenso en el que primero negamos lo que ocurre, después nos llenamos de ira y finalmente ya vencidos logramos aceptarlo. Este proceso tan costoso puede cambiarse por el cultivo intencional de la aceptación. No se trata de que nos tenga que gustar todo, o de adoptar una postura pasiva, sino de llegar a la voluntad de ver las cosas como son.

 
En definitiva, al formular un juicio de valor, estamos dando por buenas y por malas muchas cosas. Ponemos y nos ponemos etiquetas difíciles de quitar. Tomamos decisiones en función de dichos juicios y a veces estás decisiones conllevan sufrimiento, para nosotros y para otros.

Es por ello que debemos adiestrar la mente para que esté atenta ante las connotaciones negativas y hostiles de nuestros juicios, para preguntarnos por la veracidad de las creencias y valores sobre las que están fundados nuestros juicios de valor. De esta forma lograremos ser más críticos con nosotros mismos y tendremos una mente más flexible, pero sobretodo habremos sido nosotros mismos los que hayamos buscado las verdades sobre las que transita el camino de nuestra vida.

Paula Cañeque – Psicóloga en Las Palmas