Agresividad Infantil: Cómo actuar

agresividad infantil

Con frecuencia las familias acuden preocupadas a solicitar consejo por las repercusiones que, la agresividad infantil, tienen sobre la vida del niño o la niña y de la familia. Unos de los impactos que la agresividad infantil tiene  es  que se desintegra el tejido y soporte social , desde la expulsión de comedores escolares y colegio, la comisión de las faltas graves, la incomprensión y el rechazo y la consiguiente depresión en los niños-as y los sentimientos de baja autovalía y eficacia, vergüenza y sentimientos de culpa, etc.
En la propia definición de la conducta agresiva comienza en mi criterio el problema de su abordaje. Agresividad física o verbal se definiría como sigue: “una forma intencionada dirigida a hacer daño o perjudicar objetos y/o personas. Constituye una forma de relación con el entorno y puede presentarse en niños, generando preocupación en los padres y dificultades de relación”. Me encuentro con niños y niñas de entre tres y dieciséis años con conductas de este tipo, y en el trabajo con ellos lo que me resulta más característico que el carácter intencionado, el déficit en la biorregulación y en la sensopercepción en las dificultades para organizarse y organizar su entorno, para comprender las claves y captar las señales de peligro a su alrededor, y la baja capacidad para analizar y extraer conclusiones a posteriori, lo que me ha llevado a comprender que el mecanismo que dispara y mantiene esta conducta es sumamente complejo, y que se agrava como una espiral o un rizoma ad infinitum, cada vez que se produce un nuevo episodio. Por lo que además deduzco que cuanto menos ocurra y cuanto más rápido sea su abordaje mayores probabilidades de éxito.
Nos encontramos con distintas modalidades dentro de la agresividad infantil,  de este tipo de conductas en función de variables como edad, la personalidad, la presentación y el entorno en que tiene lugar y sus características, de la combinación de factores tendrá lugar un tipo de conducta agresiva u otra con niveles diversos de gravedad, lo que dará lugar a una respuesta del entorno y unas consecuencias u otras.
Al margen de la complejidad de su mecanismo de mantenimiento la conducta agresiva como mecanismo defensivo y de supervivencia forma parte del repertorio conductual que todas las personas podemos exhibir. Su carácter desorganizador de la vida e interacciones humanas es bien conocido, y sus repercusiones derivan en toda una serie de dificultades de adaptación a distintos contextos, en el caso de los niños-as inadaptación escolar y social. El adulto juega un rol esencial en la corrección, control y modificación de esta conducta. Es frecuente que esta actuación por parte del adulto requiera un entrenamiento pues la exhibición de dichas conductas genera afectos muy negativos en las personas del entorno, y ello incapacita que lleven a cabo su importante papel.
En primer lugar se requiere un conocimiento y una comprensión de la conducta agresiva, comprender es conocer y entender sin prejuicios, esto es despojarnos de las ideas preconcebidas e incluso de nuestras experiencias al respecto. Tras la conducta agresiva puede existir la expresión de traumas interiorizados a lo largo de la experiencia vital, puede haber la vivencia de estados depresivos por pérdidas, separaciones, u otros acontecimientos que se esconden tras estos patrones. Por lo general el niño o la niña no actúa por perjudicar de manera deliberada, es habitual observar el estado de perturbación tal en esos momentos que no hay frialdad alguna en la preparación y ejecución.
Conviene poner el acento además en qué situaciones ocurre y que variables pueden ser disparadoras porque nos permitirá realizar un rango de experiencias excitadoras para el sujeto y trabajar terapéuticamente para desactivarlas y adquirir una comprension sobre las mismas.

¿Cómo actuar en la agresividad infantil?

No son recomendables las respuestas que contengan el componente agresivo pues podemos crear el escenario para una escalada, es preciso imponer un criterio de inadecuación sobre la misma y detener la oleada agresiva con constancia y contundencia, y sin dejar ganar terreno a la expresión de la ira. Analizando cada caso en particular se puede optar por la técnica del manejo de contingencias más adecuada, también pasa por la realización de actividades neutralizadoras dentro de un espectro posibles para cada individuo y sus circunstancias pero que abarcan un diverso abanico: trabajos manuales, cuidado de jardines y plantas, pasear, ejercicio más intenso, cocinar, tiempos fuera, distracción, romper la secuencia, etc.
 
Lidia M. Rodríguez Rodríguez
Psicóloga Infantil y de Adultos en el Gabinete Psicologíco-Psiquiatrico P.Cañeque
Especializada en Violencia de Genero y Abusos Sexuales
 

Otros Textos que te pueden Interesar

Rabietas Infantiles
Déficit de Autoestima
Acoso Escolar o Bullying

FORTALEZAS

Fortalezas la base más significativa para el desarrollo de una vida plena

¿Qué es un juicio de valor?

Un juicio de valor, es la opinión que da una persona sobre si algo está bien o está mal. Estos juicios están basados en los

SERENDIPIA

Serendipia, suena raro, porque no es una palabra habitual en nuestro vocabulario. Intenta pronunciarlo: serendipia, serendipia, sí, hay que repetirla unas cuantas veces para que

¿QUÉ ES LA RESILIENCIA?

La resiliencia no elimina el estrés ni borra las dificultades de la vida. Más bien, el concepto de resiliencia está relacionado con la capacidad que tiene la persona para afrontar las dificultades.