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Tres mejores maneras de elogiar a los niños

elogiar a los ninos

A los niños les encantan que los alaben. Y los padres, muchas veces, caen en la trampa de elogiarlos una y otra vez sin pensar en las repercusiones que tanto halago podría acarrear. Hoy vamos a hablarles del porqué elogiar a los niños continuamente destacando sus excelentes habilidades y sus extraordinarias capacidades, más que motivarlos, puede suponerles un retroceso.
Y es que transmitirles una y otra vez lo inteligentes que son puede llegar a hacerles manifestar conductas contrarias, es decir, puede llegar a hacer que los niños dejen de demostrar que lo son. Así lo estiman numerosos estudios realizados por diferentes investigadores americanos, quienes exponen asimismo propuestas idóneas sobre cómo halagar a los menores para construir una buena base motivacional.

Alabar el proceso, no al niño.

La primera de las estrategias, basada en un estudio realizado por la psicóloga Carol Dweck de la Universidad de Stanford, establece que antes de alabar al niño lo que habría que hacer es elogiar el proceso por el que este ha conseguido hacer algo, así como el esfuerzo requerido en la tarea.
Si en lugar de decirle “¡qué inteligente eres!” le decimos “has encontrado una buena forma de solucionarlo”, este entenderá que lo que se le valora es el esfuerzo y la dedicación; mientras que del otro modo podría interpretar que, fuera cual fuese la tarea encomendada, su alta capacidad le permitiría conseguir sacarla.
¿Y qué pasaría entonces? Que dejaría de esforzarse porque seguirá pensando que su inteligencia es innata y que no puede mejorar.
De su investigación pudo constatar por tanto que la forma de alabar al niño puede afectar a su forma de actuar y pensar a la vez que a su propensión para enfrentarse a los retos y tener éxito académico.

Ser honesto: no alabar por alabar.

Según el psicólogo Wulf-Uwe Meyer, pionero en este campo, la base de que nuestros halagos sean aceptados por su verdadero valor está en el hecho de ser sinceros.
Los niños son lo suficientemente inteligentes y avispados como para saber qué se esconde detrás de nuestra alabanza, de modo que un halago no del todo cierto puede hacerlos sentir como fracasados o carentes de capacidad.

Dejar de alabar completamente.

Otro de los estudios, esta vez de la mano de Joan Grusec, indicaba que los niños aprenden a tolerar los halagos, de tal forma que cada vez requieren más dosis. Tanto es así que, una vez que se han acostumbrado a recibirlos, cuando dejan de hacerlo pierden el interés.
Reconocer el triunfo de un hijo es una buena manera de expresarle que lo ha hecho bien y que estamos orgullosos. Ahora bien, hay que aprender a elogiarlo sin que esto le haga perder el interés.
 
Paula Cañeque – Psicologa

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