IKIGAI: LA IMPORTANCIA DE CONECTAR CON UNO MISMO

ikigai

Ikigai es, además de la filosofía de vida de las personas más longevas y felices del mundo,  una palabra que proviene de los vocablos Ikirru (vivir)  y Kai (la materialización de lo que uno espera) que juntos vendrían a decir una razón para ser.
Descubrir el significado que se esconde detrás de esta palabra mágica llevó a diversos investigadores a embarcarse en un viaje hasta Ogimi, la ciudad de la sonrisa.
Todo parece indicar que, además de la dieta, otro de los secretos de la longevidad de los japoneses, en especial de los centenarios que viven en Okinawa, radica precisamente en el ikigai, una motivación vital, algo que les da fuerzas para levantarse todas las mañanas y seguir viviendo. Abraham Maslow había hecho referencia a esa razón de ser al escribir: “Un músico debe componer canciones, un artista debe pintar y un poeta debe escribir, si quieren vivir en paz consigo mismo. Lo que un hombre puede ser, debe serlo”.
En el año 2008 investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Tohoku, publicaron lo que se conoce como el “estudio Ohsaki”, en el que analizaron a 43.391 personas a lo largo de siete años, durante los cuales se produjeron 3.048 muertes. Descubrieron que los hombres y las mujeres con ikigai vivían más, no solo tenían un menor riesgo de morir por problemas cardiovasculares sino también por causas externas. Un estudio posterior llevado a cabo en la Universidad Médica de Iwate en el que se les dio seguimiento a más de 73.000 personas durante cinco años, llegó a las mismas conclusiones.
No se trata de buscar la felicidad sino de encontrar lo que hacemos bien y nos apasiona, se trata de descubrir aquello en lo que somos realmente buenos, que nos reporta placer cuando lo realizamos y que puede aportar algo al mundo. El objetivo último del ikigai no es la felicidad, ya que se ha apreciado que quienes buscan la felicidad tienen un mayor riesgo de obsesionarse con ella y ser infelices. La presión por ser felices y el escrutinio constante de nuestras reacciones emocionales suele generar el efecto opuesto y hacer que nos sintamos más insatisfechos y desgraciados.
Cuando encontramos nuestro lugar en el mundo y nos sentimos satisfechos, en vez de andar dando tumbos por la vida, la felicidad llega sola. De hecho, una persona puede sentir el ikigai incluso en los días más oscuros porque la adversidad no les arrebata esa profunda convicción ni su pasión.
Cuando encontramos ese propósito todo nos resulta más fácil y placentero, nos divertimos haciendo nuestro trabajo y nos sentimos útiles porque aportamos algo al mundo. Eso genera una agradable sensación de empoderamiento, además de eliminar gran parte del estrés.
De hecho, varios estudios han comprobado que las personas que refieren haber encontrado una razón de ser tienen una mayor habilidad para integrar las experiencias vitales estresantes experimentando menos conflictos e incertidumbre. Esta habilidad se expresa en una disminución de la ansiedad, así como en una menor activación del sistema nervioso simpático durante los sucesos adversos.
Para encontrar nuestro ikigai también es importante que sintamos que estamos aportando algo valioso a quienes nos rodean, ya que de lo contrario puede sobrevenir la frustración. Nuestro aporte puede ser desde una ayuda directa para solucionar un problema concreto hasta la transmisión de conocimiento, generar alegría o proporcionar sosiego en medio del caos.
A qué preguntas hemos de responder para encontrar el punto exacto en el que hallamos el ikigai:

¿Con qué te sientes realmente cómodo?

Hay personas que se sienten cómodas relacionándose con las demás, otras prefieren actividades más solitarias. Hay quienes aman el riesgo, a otras les da pavor. La idea es que encuentres eso con lo que te sientes cómodo, tan a gusto que te hace sentir que “has nacido para ello”.

¿Con qué actividades el tiempo pasa volando?

Responder a esta pregunta te permitirá entrar al “estado de flujo” al cual se refiere Mihaly Csikszentmihalyi. Se trata de buscar esa actividad en la que te sumerges por completo, en la que pierdes la noción del tiempo porque toda tu concentración está puesta en lo que estás haciendo. Y lo disfrutas.

¿Qué te resulta fácil hacer?

Todos tenemos habilidades diferentes, cosas que se nos dan mejor. Se trata de encontrar eso que te viene con facilidad, sin importar cuán intrascendente pueda parecerte en un primer momento. Todas las habilidades pueden encauzarse en actividades útiles que te reporten satisfacción.

¿Qué te gustaba cuando eras niño?

A medida que crecemos, nos distanciamos de las cosas que más nos gustaban y nos reportaban auténtica satisfacción para plegarnos al deber y la responsabilidad. Sin embargo, todos de niños teníamos “dones naturales”, cosas en las que éramos buenos y nos reportaban una enorme felicidad. Lo que ocurre es que muchos de esos talentos se silencian en la adultez. Para encontrar el ikigai, a veces solo hay que echar la vista atrás.

De la «revelación trascendental» a la práctica mundana:

En esa búsqueda debemos ser conscientes de que el ikigai no siempre es una «gran revelación interior» que nos motiva a cambiar radicalmente vida, también puede consistir en mirar con otros ojos nuestra realidad, encontrando en ella los motivos para sentirnos plenos. De hecho, para los japoneses las pequeñas alegrías cotidianas son las que nos llevan a nuestra meta final en la vida.
Un estudio realizado en la Universidad de California corrobora esta idea. Estos psicólogos descubrieron como las personas con ikigai saben adaptarlo a las circunstancias, encontrando en cada situación una manera para desplegar sus mejores habilidades ayudar a los demás. De hecho, a veces lo más difícil no es encontrar el ikigai sino mantenerlo a lo largo de los avatares de la vida.
El secreto radica en conectar contigo, encontrar lo que te apasiona y descifrar cómo puedes llevarlo a la práctica en tus circunstancias, aportándo valor a los demás. Cuando lo logras, el resto de las cosas que deseas llegarán solas.

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