¿Cómo se combate la procrastinación?

combate la procrastinación

En dos artículos anteriores sobre la procrastinación hemos visto qué es, cómo se detecta y cuáles son sus principales causas. En este tercer artículo veremos cuáles son las formas más habituales de combatirla. Combate la procrastinación es un artículo diseñado para poder ayudar a superarla.
Lógicamente, mi consejo es solicitar la ayuda de un psicólogo para analizar la causa, evaluar la gravedad de cada caso y encontrar la mejor forma de combatir la procrastinación atajando el problema de raíz, eliminando su origen y evitando recaídas.
Martin Seligman, una de las figuras más destacadas del movimiento de la psicología positiva, has demotrado la conexión entre la falta de confianza en uno mismo o de optimismo y la procrastinación.
No obstante, hay una serie de técnicas sencillas que se pueden intentar de manera independiente, a ayudarte a que puedas saber cómo se combate la procrastinación. Suelen funcionar en casos menos graves o en casos en los que el procrastinador no representa un caso clínico. Como ya he dicho en mi primer artículo, hay diferencias de criterios entre profesionales de la psicología: mientras unos sostienen que todos somos procrastinadores en alguna medida, otros pensamos que debe establecerse una línea divisoria entre quién es realmente un procrastinador y quién simplemente evita una tarea concreta y poco importante simplemente porque no le gusta hacerla.
En todo caso, nada se perderá por intentar algunos de los siguientes métodos:

Buscar un premio

Siempre se tienen más ganas de cumplir con una tarea si se sabe que se obtendrá una recompensa inmediata. No obstante, para que la eficacia de este método tenga cierta garantía puede compartirse con alguien, de tal manera que se contraiga un compromiso. Por ejemplo, si la obligación que se rehuye es un deber laboral, se puede involucrar a un compañero: “Voy a ponerme con esta tarea y al acabar te invito a una cerveza”.

 Hacerlo divertido

Cuando la obligación que se pospone es rutinaria, puede funcionar el buscar maneras de cumplirla manera divertida convirtiéndola en un objetivo secundario. Si, por ejemplo, el procrastinador rehúye la limpieza diaria del hogar, puede hacerla escuchando su música favorita mientras limpia, de tal manera que la limpieza se convierte en una tarea accesoria mientras la música ocupa el primer plano y finalmente la casa queda limpia.

Hacerlo por impulso

El procrastinador suele pensar muy a menudo en las tareas que deja pendientes. En algunos casos puede funcionar el hacerlo sin dedicar ni un segundo a pensar en un motivo para no hacerlo. Hacerlo de una vez, sin más.

 Darle la vuelta

Una de las principales excusas que utiliza el procrastinador es la de “primero haré esto otro, que me apetece más”. Se puede probar a hacerlo de la manera inversa: “No haré esto otro que me apetece más hasta que no haya hecho lo que no me apetece hacer”.
Estos métodos pueden funcionar, como hemos dicho, en casos leves, ya que requieren cierta fuerza de voluntad y el reconocimiento por parte del procrastinador de que debe realizar la tarea sí o sí, y eso pasa por buscar razones para hacer algo en lugar de buscar razones para no hacerlo, lo que no es fácil o es directamente imposible sin ayuda profesional en los casos graves.
 
 

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